Otra herramienta más de represión: la inminente ley turca sobre "agentes extranjeros" atenta contra la sociedad civil y la libertad de expresión.

Artículo escrito por Veysel Ok, destacada abogada defensora de la libertad de expresión y de los medios de comunicación y codirectora de nuestra organización. partner MLSAActualmente, Veysel es becario en Media Defence. 


En una medida que podría transformar el panorama cívico de Turquía, la comisión de justicia del Parlamento aprobó un proyecto de ley que endurece las penas para quienes sean sospechosos de "espionaje" o actúen como "agentes extranjeros". Conocido popularmente como el proyecto de ley sobre "agentes de influencia", se espera que la próxima semana sea remitido a la Asamblea General del Parlamento para su aprobación. De ser promulgado, este proyecto de ley intensificaría la represión que Turquía ejerce contra la prensa y la sociedad civil.

La propuesta, que surgió en marzo, fue incluida recientemente entre una serie de enmiendas legales no relacionadas. Esta legislación otorga al gobierno amplia autoridad para sancionar a cualquiera que acuse de actuar "contra la seguridad o los intereses políticos nacionales y extranjeros del Estado", alegando que estas acciones sirven a una potencia extranjera.

El gobierno afirma que la ley es esencial para salvaguardar la seguridad nacional, asegurando que ayudará a enjuiciar los casos de espionaje. Pero en Turquía, donde la libertad de expresión ya está sujeta a importantes restricciones, esta ley parece añadir una capa más de represión para silenciar la disidencia.

Una etiqueta vaga con consecuencias de gran alcance.

El texto del proyecto de ley es intencionadamente amplio, lo que permite al Estado acusar a individuos u organizaciones de servir a "intereses extranjeros", un término que se deja deliberadamente abierto a la interpretación. Pensemos en un periodista que cita un informe internacional sobre derechos humanos en un artículo crítico sobre el gobierno; ¿podría ser tachado de "agente extranjero"? ¿O una organización de derechos humanos que recibe financiación internacional? ¿Acaso esto por sí solo la convertiría en sospechosa? Para la vibrante, pero ya asediada, sociedad civil turca, lo que está en juego es alarmantemente importante.

Periodistas en el punto de mira

La prensa turca, acostumbrada a la represión gubernamental, será la principal perjudicada por esta legislación. El proyecto de ley parece diseñado para atacar a los periodistas con vínculos con medios internacionales, marginando aún más su papel como guardianes de la información. En 2019, incluso antes de que existiera una ley similar, el SETA, un centro de estudios afín al gobierno, publicó un controvertido informe dirigido contra periodistas que trabajaban para medios extranjeros. La implicación era clara: los periodistas que informaban desde una perspectiva internacional podían ser vistos con recelo.

De aprobarse esta ley, otorgaría al gobierno nuevos poderes para imponer sanciones y amenazar directamente la seguridad de los periodistas. La etiqueta de "agente extranjero" no solo conllevaría consecuencias penales, sino que también pondría en peligro a los periodistas tanto en el ámbito digital como en el físico. En el actual clima de fervor nacionalista y campañas de desprestigio en redes sociales que impera en Turquía, esta designación podría desatar una nueva ola de acoso en línea, marginándolos del debate público.

Amenazas a las ONG, activistas y defensores de los derechos humanos

Las organizaciones independientes de la sociedad civil, que a menudo dependen del apoyo internacional, corren un riesgo particular. Esto incluye a grupos de derechos humanos, activistas ambientales, organizaciones de mujeres y defensores de los derechos LGBTQ+, quienes trabajan en primera línea por la reforma democrática y la protección de los derechos. Bajo la ley de agentes extranjeros, estos grupos corren el riesgo de ser vigilados, procesados ​​o incluso disueltos, acusados ​​de servir a "intereses extranjeros" si se atreven a criticar al Estado.

Esta táctica se inscribe en una tendencia más amplia: la erosión intencionada del espacio de la sociedad civil en Turquía. De aprobarse, esta ley acorralará a los defensores de los derechos humanos, aislando aún más a quienes luchan por defender las libertades fundamentales.

Una estrategia global de represión

El proyecto de ley turco refleja la legislación rusa de 2012 sobre "agentes extranjeros", que prácticamente acabó con los medios de comunicación independientes y la sociedad civil en Rusia. En los regímenes autoritarios, la etiqueta de "agente extranjero" sirve como herramienta eficaz para intimidar a los críticos y sofocar la disidencia, lo que sitúa a Turquía en una preocupante senda que la aleja de las normas democráticas.

Voces de resistencia

¿Qué les queda entonces a los defensores de los derechos humanos, las organizaciones de la sociedad civil, los periodistas y los promotores de la democracia en Turquía? La respuesta debe ser contundente, insistiendo en que este proyecto de ley, que socava fundamentalmente las garantías constitucionales y los compromisos internacionales, no silenciará la disidencia legítima. Los organismos internacionales también deben recordar a Turquía su obligación de respetar las normas de derechos humanos.

A pesar de las presiones previstas, los periodistas y las organizaciones de derechos humanos de Turquía perseverarán en su labor esencial. En este momento crítico, la solidaridad inquebrantable tanto de la sociedad civil turca como de los aliados internacionales resultará fundamental para resistir este clima de miedo que la nueva ley pretende infundir.

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