Nos complace dar la bienvenida a Marta Cabrera, una destacada abogada de derechos humanos, a nuestro equipo como consultora legal. Con años de experiencia tanto en la Corte Interamericana como en la Corte Europea de Derechos Humanos, Marta aporta una perspectiva invaluable a nuestro trabajo.
En esta entrevista para la sección "Conoce al equipo", comparte su trayectoria, los casos que la marcaron y lo que le da esperanza para la libertad de prensa en la actualidad.
Hola marta Gracias por participar en nuestro Serie de entrevistas «Conoce al equipo». Has tenido una trayectoria profesional extraordinaria en varias instituciones importantes de derechos humanos. ¿Qué fue lo que te impulsó a dedicarte al derecho internacional de los derechos humanos?
Desde joven, tuve un genuino interés por comprender lo que sucedía en la esfera pública, junto con una profunda conciencia de las injusticias que existen en el mundo. Tras unos años de carrera jurídica, comprendí que el derecho puede ser una poderosa herramienta para transformar las sociedades. Esta comprensión me llevó a especializarme en derechos humanos, y una vez que me adentré en ese camino, supe que no quería trabajar en ningún otro ámbito. Había encontrado mi verdadera vocación.
¿Podría contarnos brevemente su trayectoria, desde Garrigues hasta los Tribunales Europeos e Interamericanos de Derechos Humanos?
Tras licenciarme en Derecho, comencé mi carrera en el bufete Garrigues, especializado en derecho mercantil y corporativo. Descubrí que disfrutaba genuinamente de la práctica jurídica: me complacía redactar alegatos, responder a demandas y comparecer ante los tribunales. Sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que, si bien disfrutaba del trabajo en sí, la esencia de lo que hacía no me satisfacía del todo a nivel personal.
Tras tres años en el bufete, decidí reorientar mi carrera y especializarme en derecho de los derechos humanos. Cursé un máster en Derecho (LL.M.) en los Países Bajos, lo que marcó el inicio de mi verdadera trayectoria en este campo. Comencé como becaria en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, pocos meses después, me ofrecieron un puesto de consultora, seguido de un ascenso a abogada.
Unos años más tarde, tuve la oportunidad de incorporarme al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo, donde viví y trabajé durante cuatro años. Al finalizar mi contrato con el Tribunal Europeo, la Corte Interamericana me invitó a regresar, y no lo dudé ni un instante. Hice las maletas y volví a Costa Rica, donde trabajé otros seis años. Finalmente, decidí emprender un nuevo camino y contribuir al ámbito de los derechos humanos desde la sociedad civil.
Tras haber trabajado tanto en los tribunales europeos como en los interamericanos de derechos humanos, ¿qué similitudes o diferencias ha observado en la forma en que estos sistemas abordan los casos de libertad de prensa?
Una de las principales similitudes que quisiera destacar es el alto nivel de profesionalismo que encontré en ambos tribunales. En cuanto al fondo, el trabajo es bastante similar, ya que ambos sistemas se fundamentan en la interpretación de un tratado internacional de derechos humanos y en la jurisprudencia que se ha desarrollado a lo largo del tiempo. Cabe mencionar también el diálogo judicial constante entre ambos tribunales, que ha propiciado la adopción de numerosos estándares comunes y razonamientos jurídicos similares en ambos sistemas.
Dicho esto, también existen diferencias importantes. Por ejemplo, su tamaño, presupuesto y antigüedad son bastante distintos, pero esta disparidad no implica necesariamente que una tenga mayor impacto que la otra. En el ámbito de la libertad de expresión, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha desarrollado una extensa jurisprudencia sobre el papel de la prensa en una sociedad democrática, la protección de las fuentes periodísticas, el derecho al olvido, la protección de los denunciantes y el discurso de odio. En cambio, si bien la jurisprudencia de la Corte Interamericana sobre libertad de prensa es más limitada, aún no ha tenido la oportunidad de abordar estas mismas cuestiones en profundidad. Sin embargo, ha establecido normas particularmente protectoras en ciertos ámbitos, como la prohibición de enjuiciamiento penal en casos de difamación que involucren a figuras públicas, ofreciendo, en algunos aspectos, una protección más sólida para la libertad de expresión que su homóloga europea.
Usted pasó más de una década en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo y en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en San José. ¿Cómo influyó esa experiencia en su visión del poder —y los límites— del derecho internacional de los derechos humanos en la defensa de la libertad de expresión?
Esa es, sin duda, una pregunta muy interesante. Diría que mi experiencia en ambos tribunales me permitió comprender de primera mano el impacto real que puede tener una sentencia, no solo en la víctima individual, sino también en todo un país o región, especialmente cuando estos tribunales ordenan medidas estructurales que los Estados implementan. En la Corte Interamericana, por ejemplo, esto suele adoptar la forma de garantías de no repetición, mientras que en el sistema europeo, el Comité de Ministros desempeña un papel fundamental en la supervisión de la ejecución de las sentencias y es responsable de velar por el cumplimiento por parte de los Estados con el fin de garantizar la no repetición de las violaciones de derechos humanos establecidas en las resoluciones de la Corte.
Estas experiencias me mostraron tanto el poder como las limitaciones del derecho internacional de los derechos humanos. Por un lado, las resoluciones internacionales pueden impulsar importantes reformas legales y políticas con un impacto real en las personas. Por otro lado, su eficacia depende, en última instancia, de la voluntad política de los Estados para cumplir con sus obligaciones internacionales. Por eso, la supervisión pública —en particular la de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes— es tan crucial. Estos desempeñan un papel esencial para exigir responsabilidades a los gobiernos y garantizar que los compromisos adquiridos en virtud del derecho internacional se traduzcan en cambios reales sobre el terreno.
¿Hay algún caso en el que hayas trabajado que te haya marcado especialmente o te haya inspirado? ¿Qué lo hizo memorable?
Creo que uno nunca olvida del todo los casos en los que ha trabajado, ya que cada uno representa la historia única de una víctima, o de un grupo de víctimas.
Dicho esto, si tuviera que destacar uno, diría que el caso de Bedoya Lima contra Colombia La audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos me impactó profundamente. En primer lugar, lo que la hizo particularmente memorable fue la extraordinaria fortaleza, elocuencia y serenidad que demostró la víctima al relatar ante la Corte los horribles sucesos que había padecido. Su testimonio fue profundamente conmovedor. En segundo lugar, fue también la primera —y hasta ahora, la única— vez que presencié a un Estado abandonar una audiencia a mitad de camino, tras cuestionar la imparcialidad de la mayoría de los magistrados. Fue un momento insólito y de gran tensión. Finalmente, el caso me marcó por el resultado de la sentencia y los esfuerzos posteriores de Colombia para cumplir con las reparaciones ordenadas por la Corte. Sinceramente espero que, tras más de dos décadas de búsqueda de justicia, las víctimas hayan podido encontrar reconocimiento y consuelo a través del fallo de la Corte.
¿Qué te motivó a unirte a Media Defence como consultor legal en 2025?
Desde que comencé a trabajar en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, posteriormente, en la Corte Europea de Derechos Humanos, siempre he sentido una fuerte vocación por estar algún día del otro lado: representando directamente a las víctimas y poniendo en práctica todos los conocimientos y la experiencia que he adquirido a lo largo de los años para apoyarlas en su búsqueda de justicia.
Creo firmemente que la libertad de expresión es un derecho humano fundamental; es la herramienta que nos permite defender todos los demás derechos. Conozco desde hace años la extraordinaria labor de Media Defence en la defensa del periodismo independiente, así como la excelencia del equipo que la conforma. Por eso, cuando surgió la oportunidad, no dudé ni un segundo en presentar mi solicitud.
Los litigios estratégicos son fundamentales para el trabajo de Media Defence. En su opinión, ¿qué hace que un caso sea verdaderamente estratégico y qué factores contribuyen a su impacto legal o sistémico a largo plazo?
Basándome en mi experiencia en los tribunales de derechos humanos, creo que un caso verdaderamente estratégico es aquel cuyo resultado no solo proporciona una reparación significativa a las víctimas, sino que también contribuye a un impacto social más amplio. Estos casos suelen propiciar el desarrollo de nuevos estándares legales en materia de libertad de expresión o reparaciones transformadoras que pueden generar un cambio sistémico a nivel nacional o regional. En este sentido, el litigio estratégico no se trata solo de ganar un caso, sino de transformar marcos jurídicos, influir en las políticas públicas y empoderar a quienes han sido silenciados.
¿Qué te da esperanza en estos momentos en lo que respecta a la libertad de prensa y los derechos humanos?
Soy plenamente consciente de las crecientes amenazas a las que nos enfrentamos hoy en día, que van desde la criminalización del periodismo, el uso de software espía contra reporteros y las demandas estratégicas para silenciar la disidencia, hasta el auge de discursos autoritarios, la censura digital y las campañas de desinformación. Se trata de desafíos complejos y globales que impactan directamente en la libertad de prensa y en la capacidad de la sociedad civil para exigir responsabilidades al poder.
Sin embargo, a pesar de todo esto, lo que me da esperanza es la resiliencia de los periodistas, los defensores de los derechos humanos y las comunidades de todo el mundo que siguen denunciando las injusticias, a menudo con gran riesgo personal. También encuentro esperanza en las redes de solidaridad que han surgido más allá de las fronteras: organizaciones de asistencia jurídica, movimientos de base y defensores de los derechos digitales que trabajan incansablemente para resistir.
Si bien los desafíos son reales —y en muchos casos urgentes—, creo firmemente que el compromiso colectivo con la defensa de los derechos es más fuerte que nunca.
Por último, ¿tienes alguna recomendación de podcast, documental o artículo para nosotros?
¡Por supuesto! Para nuestra comunidad de habla inglesa, recomiendo encarecidamente el podcast. Cortes de pelo asimétricosque ofrece debates agudos y oportunos sobre temas de derecho internacional, a menudo desde una perspectiva de género y siempre con gran perspicacia.
Para nuestra comunidad hispanohablante, sugiero radio ambulante — un podcast de excelente producción que cubre la actualidad en toda Latinoamérica. Varios de sus episodios incluso han tratado casos presentados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y para quienes se inician en el mundo del derecho internacional de los derechos humanos y hablan español, recomiendo la plataforma educativa. Estudia Derechos HumanosRealiza un trabajo fantástico al explicar los principios fundamentales del derecho internacional público y del derecho de los derechos humanos de una manera clara pero rigurosa, conectando siempre la teoría con problemas apremiantes del mundo real.
¡Gracias Marta!